Alcanzando Alaska tras cuatro años de viaje: Clase G sin límites. Parte 2

Ya puedes seguir disfrutando de la segunda parte de la aventura americana de Birgit y Klemens con su Puch 290 GD. Una travesía que los llevará de México a Alaska, atravesando Estados Unidos y Canadá hasta la costa del océano Ártico, para luego regresar a Nueva York. Allí termina el periplo de esta pareja tras casi cuatro años de viaje.

21.11.2025 // Texto: Birgit Fuchs // Fotos: Birgit Fuchs y Klemens Holzleitner

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Dejando atrás los increíbles y cambiantes paisajes que Centroamérica había ofrecido a la pareja al final de la primera parte de este viaje, Birgit y Klemens sonrieron al ver los visados para Estados Unidos que tanto habían esperado: su aventura seguía más viva que nunca; ya nada impedía su viaje al norte. Jamás pensaron llegar tan lejos, cuando hace más de tres años, desde su ciudad natal Innsbruck (Austria), enviaron el Puch 290 GD a Sudamérica. ¡Estaban recorriendo todo el continente americano, desde Tierra del Fuego hasta Alaska!

Con la ilusión renovada, partieron rumbo a la última etapa en América. Cruzaron la costa mexicana, a través de la Baja California, hasta la frontera con Estados Unidos. Tramos solitarios de costa, delfines, ballenas, caminos de arena y enormes cactus en flor los despidieron de México dibujando un paisaje asombroso.

ESTADOS UNIDOS: ¡UNAS AUTÉNTICAS VACACIONES!

Mientras descansaban con un refresco y una hamburguesa con queso en la mano, al norte de la frontera –añorando las vistas mexicanas–, caen en la cuenta de que están a las puertas de Estados Unidos. Ahora el reto era elegir qué visitar entre tantos lugares. Pararon en las playas más famosas de Los Ángeles (Santa Bárbara, Santa Mónica…). Se maravillaron con San Francisco y el Golden Gate, su icónico puente. Tras cada gran ciudad, buscaron la tranquilidad de la naturaleza, que continuaba sorprendiéndolos.

1 Cueva del Metro, Arizona. 2 Parque Nacional y Estatal de los Redwoods, al norte del estado de California. 3 El puente Golden Gate de San Francisco.

Desde las nevadas montañas del lago Tahoe hasta la vegetación de Colorado, pasando por desiertos y formaciones rocosas, el trayecto por el oeste de Estados Unidos les regaló unas vistas sorprendentes a pesar del frío invernal. Cada estado ofrecía una nueva maravilla natural, y, gracias al Puch y su resistencia, pudieron visitarlas todas. Desde el Gran Cañón hasta las formaciones rocosas rojas de Utah. Acampar libremente es uno de los grandes placeres en Estados Unidos, y la pareja agradeció nuevamente viajar en el Puch 290 GD. A pesar del barro, la nieve y las piedras, siempre los llevó a los lugares más remotos de la naturaleza.

CANADÁ: ANIMALES SALVAJES… ¡Y ORO!

Al acercarse a Canadá, aumentaron los avistamientos de animales salvajes. Alces, ciervos, bisontes y osos los observaban desde la maleza. Aceleraron la marcha, pues querían llegar a Alaska antes de que empezara el invierno. Durante horas viajaron por bosques infinitos, solo interrumpidos ocasionalmente por pequeños pueblos. La autopista de Klondike los sumergió en la antigua región minera de Canadá, donde aún pueden verse vestigios de la legendaria fiebre del oro. Compraron una batea y probaron suerte. Con unas pocas pepitas de oro en sus bolsillos, reanudaron la marcha.

Desde allí, había dos formas de llegar al océano Ártico: la autopista Dempster hasta Tuktoyaktuk (Canadá) o la Dalton hasta Prudhoe Bay (EE. UU.). No hay consenso sobre cuál es el verdadero final de la carretera Panamericana. ¿Dónde acaba realmente? Para no discutirlo, decidieron recorrer ambos caminos. Por la bien cuidada autopista Dempster, una de las más bellas, accedieron al Ártico canadiense. A medida que avanzaban, los árboles desaparecían y la tundra dominaba la escena. Ni las condiciones adversas que vivieron, como el viento, la lluvia o un pinchazo, los detuvieron. Después de una dura travesía, llegaron al gélido océano.

Instantáneas del último tramo del viaje: el Parque Nacional del Lago del Cráter (Oregón); un oso grizzly disfrutando de un salmón en Alaska; alcanzando el Círculo Ártico.

LA CARRETERA PANAMERICANA: LIBERTAD ABSOLUTA

Alaska fue un lugar mágico para ellos porque su paisaje les regalaba una sensación de libertad total. Después de la autopista Dempster, la ruta a Prudhoe Bay, el punto más septentrional del viaje, parece una tarea ardua, pero tras unos pocos kilómetros ya están cautivados por los intensos tonos amarillos, naranjas y rojos de los arbustos que crecen en esta zona. Al llegar al cartel del fin de la Panamericana, abrieron la última botella de vino argentino que les quedaba, y, como regalo de despedida, ¡una aurora boreal iluminó el cielo!

ALASKA: APENAS UN ALMA

Rodeados por la tundra otoñal del norte, se dirigieron al sur de Alaska. Las nubes, a menudo bajas, hacen que estos lugares parezcan aún más místicos y misteriosos, dejándolos aún más asombrados cuando de repente revelan una vista de las montañas cubiertas de glaciares en el horizonte. Con la excepción de los osos y leones marinos que se preparaban para el invierno, no se encontraron con un alma. Bajo cielos estrellados, deseaban que el tiempo se detuviera, pero el frío avanzaba, y con las montañas cubiertas de nieve, sabían que era el momento de partir. Atravesaron Canadá por la costa hasta Vancouver, donde disfrutaron de los últimos días del otoño, y luego regresaron a Estados Unidos, donde los alcanzó la estación fría.

NUEVA YORK: UN FINAL IDEAL PARA ESTA AVENTURA AMERICANA

Después de casi cuatro años, la andanza llegaba a su fin. A lo largo de 40 días recorrieron Estados Unidos hacia la costa este. Las autopistas y los rascacielos de Nueva York les mostraron otra cara del país. Pese a su amor por la naturaleza, pararse frente a la Estatua de la Libertad y conducir por Broadway y Times Square fue el broche de oro de esta aventura inolvidable. Ahora sí, la pareja estaba lista para reunirse con su familia y amigos, a los que habían echado mucho de menos. No obstante, no podían cerrar este viaje sin unas palabras de agradecimiento al que ha sido un acompañante espectacular: su Puch 290 GD. “Querido G, gracias, has sido un compañero maravilloso. ¡Simplemente extraordinario!”.

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