Las sinuosas carreteras de Mallorca se transformaron en una auténtica pasarela automovilística a finales de octubre. Los neumáticos de dos Mercedes-Benz 300 SL y un Mercedes-Benz R129 volvieron al asfalto. Dejaron su hogar habitual en el Museo Mercedes-Benz, en Stuttgart, para brindar a los invitados la experiencia de conducir estos legendarios modelos por serpenteantes carreteras con vistas panorámicas al mar y a valles cubiertos de olivos y almendros.

El 300 SL, el primer superdeportivo moderno, está considerado uno de los automóviles más icónicos de la historia del motor. Potente, ligero y aerodinámico, sus puertas en alas de gaviota son su rasgo más reconocible —además de un símbolo de innovación—. Salió oficialmente al mercado en 1954 y ya entonces escondía, bajo su característico capó largo, un corazón de seis cilindros en línea con 215 CV de potencia que le permitían alcanzar los 252 km/h: un rendimiento extraordinario para aquella época. Verlo rodar por Mallorca ha sido revivir el glamour de los años sesenta en un vehículo que sigue influyendo en el diseño automovilístico moderno.

El R129, el primer descapotable del mundo con arco de seguridad automático, es también uno de los modelos más admirados de la marca. Presentado oficialmente en el Salón del Automóvil de Ginebra en 1989, marcó una nueva era en confort, tecnología y seguridad. Su silueta conserva la esencia del 300 SL, pero adaptada a los gustos de la década de los noventa. Técnicamente, este poderoso biplaza está alimentado por un motor de seis cilindros en línea y 230 CV. Es uno de los roadsters más elegantes del siglo XX.

La expedición se dividió en dos rutas, realizadas en dos jornadas distintas. En la primera, los participantes se internaron en la Serra de Tramuntana, considerada Patrimonio de la Humanidad. Partieron de Palma y recorrieron unos 130 kilómetros. Visitaron el Port de Sóller, donde el mar Mediterráneo se funde con la cordillera que recorre el norte de la isla. Pararon en Deià, uno de los pueblos más mágicos de Mallorca, que destaca por sus casas de piedra, por su ambiente bohemio y por su belleza natural entre mar y montaña. Condujeron entre los viñedos de Banyalbufar y se adentraron en Estellencs, uno de los pueblos más pequeños y auténticos de la Serra de Tramuntana. Sus calles empedradas, sus casas tradicionales y sus acantilados frente al mar lo convierten en un lugar de visita obligada. No faltaron las fotos desde el mirador de Ses Ànimes, uno de los enclaves más fotografiados de la isla.
La segunda ruta, de unos 144 kilómetros, partió también de Palma y llevó a los participantes, entre naranjos y limoneros, hasta Sóller, conocido por su belleza natural y su arquitectura modernista. Enclavado en un valle entre montañas y naranjales, les esperaba Fornalutx, punto de partida ideal para rutas de senderismo. También visitaron Pollença y Alcúdia.

La isla de Mallorca se convirtió en el mejor escenario para celebrar la elegancia atemporal y la ingeniería magistral de Mercedes-Benz. Estos road trips no fueron un simple ejercicio nostálgico: fueron la prueba de que, aunque el tiempo avance, hay vehículos que permanecen intactos en el imaginario colectivo como verdaderas obras de arte sobre ruedas, capaces de unir pasado, presente y futuro.
