Una persona se inclina sobre un motor en la tranquila nave de Affalterbach, Alemania. Su rostro muestra una expresión concentrada, asegurándose de que toda acción se ejecute a la perfección. Al terminar, su nombre adornará una pequeña placa metálica justo en el corazón del vehículo. “Una persona, un motor” es más que un simple principio; representa orgullo, responsabilidad, identidad y una relación personal entre Mercedes-Benz, sus empleados y sus clientes. Cada motor AMG, construido por una sola persona, recibe una de estas placas individualizadas con el logotipo de AMG y la firma de quien lo fabricó: un testimonio visible de excelencia. Bienvenido a AMG.

MOTORES CON PASIÓN
De forma atípica, en las naves de producción de AMG reina el silencio: no hay martillazos ni ruidosas líneas de montaje. Los conductores de AMG saben que bajo el capó hay más que tecnología de vanguardia; hay personalidad.
Reinhard Strauss (bajo estas líneas) es uno de esos distinguidos mecánicos. El joven ha regresado recientemente a Affalterbach tras trabajar en AMG en Daventry, Inglaterra. Allí, participó en uno de los proyectos más ambiciosos en la historia de Mercedes-Benz: el Mercedes-AMG One, el primer vehículo que llevó la tecnología de la Fórmula 1 a la calle. “Cuando fabrico un motor, tiene que ser perfecto. Al fin y al cabo, mi nombre estará grabado en él”, afirma Strauss. “Hay que amar estos coches. Si no, se darán cuenta”, concluye con una sonrisa.

VISITA A LA FÁBRICA
Hoy nos acompaña un invitado especial: Ludwig Heer, emprendedor, chef y un apasionado de los AMG. Dirige el restaurante Alte Post en Kuchen, a orillas del Jura de Suabia, Alemania, y actualmente está desarrollando su propio negocio de pralinés. Ya a los 12 años, se maravillaba con los modelos AMG. Para él, estos siempre fueron más que simples automóviles: eran una forma de vida. Desde hace 6 años cumple con la ilusión de su niñez conduciendo un roadster Mercedes-AMG GT negro, y nos confiesa: “Se me pone la piel de gallina cuando me subo a mi AMG. Es mucho más que conducir”.
Ya en las instalaciones de AMG, Heer percibe que está en un lugar especial: “Se nota enseguida que no se trata de un taller cualquiera. Los trabajadores aquí tienen ojo para los detalles. Hoy en día es raro ver tanto trabajo hecho a mano. Es como una buena comida: sabes si se ha hecho con amor”. Tras su visita, el cocinero arranca un AMG GT 63 S E PERFORMANCE naranja, cuyo corazón late con un motor V8 biturbo con una potencia total de 816 CV para volver a su restaurante.

Un ambiente cálido se respira en el restaurante Alte Post, donde se preparan comidas deliciosas con meticulosidad. La huella de Heer está en todo lo que se hace en el restaurante: él mismo diseña la oferta gastronómica, dándole un carácter personal y garantizando un alto nivel de calidad. Una vez al mes ofrece su popular menú de doce platos, que atrae a clientes de lugares tan lejanos como Stuttgart.
Ludwig también se enorgullece de la startup que fundó durante la pandemia. Se llama Greenbill y su objetivo es simplificar la contabilidad en los restaurantes y reducir el trabajo con papel.
HACIA EL LAGO
A la mañana siguiente nos despedimos del hermoso valle de Fils y de Ludwig Heer, y con un almuerzo preparado por él mismo, nos montamos en un GT 55 en Rojo Rubellita metalizado para viajar al lago de Constanza, en la idílica isla de Reichenau. Los elementos de diseño cromados capturan la luz y brillan bajo el sol, haciendo que la pintura cobre vida.
En el modo Sport+, la respuesta del GT está en perfecta armonía con el conductor. Nada es comparable con la emoción de conducir un AMG por las autopistas alemanas –con algunos tramos sin límite de velocidad–. Es una sensación de libertad, no solo en la carretera, sino también en la mente.
A un lado del camino encontramos varios manzanos en flor, un recordatorio de Affalterbach, el lugar que acabamos de dejar atrás y donde nació AMG. El nombre proviene de affalter, una antigua palabra alemana que significa “manzano”. El arroyo (bach en alemán) que cruza la zona se llamaba “Apfelbach” (apfel: manzana). De ahí surge la designación Affalterbach.
Esta historia queda inmortalizada en el logo de AMG: el manzano junto al arroyo a la izquierda, el árbol de levas estilizado a la derecha, símbolo de la tecnología y la artesanía más avanzadas. Es esta conexión entre el pasado y el futuro lo que hace que AMG sea tan único. Un emblema que no solo representa la velocidad y el alto rendimiento automovilístico, sino también su identidad.

LLEGADA
El lago de Constanza brilla como si estuviera bañado por una luz especial. Hay familias paseando por la orilla y niños comiendo helado. Aunque el AMG se ha detenido y su motor está ahora en silencio, lo que permanece es la sensación de haber conducido algo tan especial y potente.
El coche nos ha conmovido, pero también la gente, el paisaje y la artesanía que lo hace posible. AMG es más que solo potencia: es un estilo de vida.