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Crash test: accidente en una fracción de segundo

El Centro Tecnológico para la Seguridad de los Vehículos de Sindelfingen es uno de los centros de pruebas de choque más grandes y modernos del mundo. Te presentamos, en primicia mundial, una prueba muy especial con dos vehículos 100% eléctricos totalmente cargados.

29.02.2024 // Texto: Katalina Farkas // Fotos: Chris Rausch

2 minutos de lectura
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Cientos de focos dibujan un círculo en el centro de la pista. En la oscuridad, un EQS SUV espera su turno. En unos segundos, el vehículo acelerará a 56 kilómetros por hora por una pista de 250 metros de largo y chocará frontalmente contra un EQA que circula a la misma velocidad. Un grave accidente, si ocurriera en la calle. El estruendo es ensordecedor. Trozos de cristal y plástico vuelan por los aires y los capós de ambos vehículos quedan destrozados. Tras el accidente, se hace un silencio. Los invitados parecen reflexionar sobre su propio comportamiento al volante: cuándo fue la última vez que no respetaron el límite de velocidad o cambiaron de carril sin prestar mucha atención. Sin embargo, los ingenieros están satisfechos: “Ha ocurrido exactamente como se había calculado”, dicen antes de abandonar la sala desde la que han visto el accidente.

Julia Hinners, ingeniera de diseño de seguridad pasiva, ha documentado y evaluado innumerables pruebas de choque, pero hoy está nerviosa: “Es la primera vez que un fabricante de automóviles realiza una prueba con dos vehículos eléctricos totalmente cargados que chocan a esa velocidad. Nunca ha habido un accidente como este. Es un estreno mundial”.

Estamos en la fábrica de Mercedes-Benz de Sindelfingen, en el Centro Tecnológico para la Seguridad de los Vehículos (TFS). Fue inaugurado en 2016 y sigue siendo uno de los centros de pruebas de choque más modernos del mundo. Dado que los vehículos se prueban aquí mucho antes de salir al mercado, es un lugar relativamente apartado. Sin la autorización correspondiente, nadie entra, y mucho menos con una cámara. También en este sentido, la prueba de hoy es una excepción absoluta.

LA INFORMACIÓN QUE APORTAN LAS PRUEBAS DE CHOQUE

El TFS dispone de unos 70 escenarios de accidentes diferentes en cuatro pistas y en un espacio de 8.100 metros cuadrados libres de columnas. Los vehículos pueden volcar y caer sobre sus techos. Cámaras de alta velocidad toman hasta 1.000 imágenes por segundo y documentan cada choque: cómo funcionan los sistemas de retención, cuándo se despliegan los airbags, qué fuerzas y aceleraciones afectan a los ocupantes del vehículo; cómo se deforman los coches; cuánta energía absorben sus distintas zonas… “Que el capó quede destrozado en un impacto frontal es exactamente lo que se pretende. En una colisión, es importante disipar y distribuir la energía para que no afecte al habitáculo, es decir, a la parte del coche en la que están sentados los pasajeros”, dice Hinners. Además, los tensores de los cinturones de seguridad, los cinturones de seguridad y los airbags del interior deben funcionar a la perfección y en una fracción de segundo.

Kim Müller, técnico formado en pruebas de choque, es el responsable del funcionamiento del taller. Mientras abre la puerta del pasajero del EQA habla sobre lo que acabamos de vivir: “Un choque es un trabajo de precisión y necesitamos un nivel muy alto de precisión para cumplir los requisitos legales de nuestros vehículos. Llevo casi 20 años haciendo esto, pero todavía me sobrecoge el momento en el que los dos coches circulan en sentido contrario y sabes que van a chocar”.

EL VALOR DE LOS DUMMIES EN LOS CRASH TEST

El equipo de Kim Müller controla a distancia los vehículos de choque e instala tecnología de medición temática que recoge las distintas fuerzas y aceleraciones durante el impacto. Esto incluye también a los dummies de ensayo que sustituyen a los humanos en los crash test y en los que se instalan hasta 150 sensores. Con ayuda de los valores recogidos, puede analizarse posteriormente el riesgo potencial de lesiones para los pasajeros.

Para Paul Dick, responsable de seguridad de vehículos en Mercedes-Benz, la prueba de hoy es un hito en muchos aspectos. “Podemos demostrar que la seguridad no es una cuestión del sistema de propulsión. Nuestros ingenieros han desarrollado un concepto único que incluye medidas cruciales para que un Mercedes-Benz eléctrico tenga el mismo nivel de seguridad que un Mercedes-Benz con motor de combustión. Las baterías se instalan en un alojamiento rígido y seguro con perfiles protectores en los bajos”. En caso de accidente, el sistema de alto voltaje y el cable de carga, revestido de Kevlar, están separados de la batería para evitar una descarga eléctrica.

NUESTROS VEHÍCULOS SUPERAN ESTRICTOS CONTROLES DE SEGURIDAD

Con esta prueba, Mercedes-Benz va más allá de lo que exige la ley. “Tenemos normas internas más estrictas que los requisitos legales o lo exigido por organizaciones de protección del consumidor, como Euro NCAP me (Programa Europeo de Evaluación de Automóviles Nuevos). Lo normal es que los coches choquen contra vehículos ya accidentados o muros. Pero esta prueba es más realista y muestra nuestro alto nivel de exigencia”, dice Julia Hinners.

Comprobamos en primera persona que los vehículos se prueban en condiciones especialmente realistas. ¿El objetivo final? “Salvar vidas, eso es lo más importante”, responde con seguridad Julia Hinners.

Los coches están pintados de naranja porque cuando empezamos a realizar estas pruebas hace 60 años, las grabaciones se hacían en blanco y negro y el naranja era el color que ofrecía un mayor contraste. A día de hoy sigue cumpliendo su función. El naranja refleja una cantidad de luz extremadamente pequeña y permite analizar con precisión las imágenes grabadas en las pruebas de choque.

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