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Mercedes-Benz SL ‘Pagoda’: 60 años del palacio rodante

2023 marca el 60 aniversario de uno de los miembros más ilustres de la familia SL. Aquel que, bajo un apodo muy oriental, sentó los principios elementales del ‘roadster’ lujoso y confortable que sigue siendo a día de hoy. Nos referimos, claro, al Mercedes-Benz SL ‘Pagoda’ (W113).

10.10.23 // Textos: Diego García // Fotos: Joaquín Calle // Vídeo: Hilari Camps

2 minutos de lectura
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A la zona verde que se extiende ante la Real Fábrica de Cristales de La Granja le queda muy poco de tranquilidad. Un otoño que ya ha entrado de puntillas, con amaneceres más fríos, dará paso a un gran día soleado. Estamos en La Granja, en el Real Sitio de San Ildefonso, un rincón encajado entre las cumbres de la sierra de Guadarrama que hoy es lugar de reunión para los propietarios y amigos de los Mercedes-Benz SL Pagoda en todas sus formas, bien con su capota de tela o portando su versátil techo rígido desmontable, cuyas traviesas cuadradas y verticales le granjearon ese parecido razonable con los milenarios palacios asiáticos.

Más de 30 ejemplares han acudido a la llamada de Mercedes-Benz Club España, la concentración más numerosa de este modelo en nuestro país. Miramos el reloj una última vez, la típica (y fervorosa) impaciencia de las reuniones de clásicos nos domina. ¿Cuándo van a llegar?

La respuesta no se hace esperar. En el punto previsto para el acceso, con suma cortesía, ya aguardan los primeros Pagoda. Sus motores de seis cilindros son apenas un manso, acompasado rumor. Caballeros de los de antes, despliegue de modales que fueron norma, pero que jamás caducan, mientras van ocupando sus lugares. Placer para la vista y los oídos en dosis contadas, como mejor sienta.

Charlando con ellos, las palabras mágicas se repiten de una a otra voz: “Lo tengo desde hace veinte años”, “lo compré hace treinta”, “llegó a casa cuando yo era muy pequeño”, “lleva desde siempre con nosotros”. Personas y máquinas, unidos por un sinfín de buenos momentos, de viajes memorables.

De entre los más de 30 vehículos SL, uno destaca y no solo por su tono dorado o su exótica matrícula. Es exactamente el último Pagoda construido en 1971, y ahora se ha convertido en la joya de un orgulloso coleccionista.

Último Mercedes-Benz SL ‘Pagoda’ construido en 1971.

Tras la preceptiva visita a la Real Fábrica, toca salir a la carretera rumbo a Pedraza. Hoy no es día de autopista, sino para disfrutar conduciendo entre curvas por los puertos de Navacerrada y Navafría.

Con las capotas abiertas, la brisa y un cielo plenamente azul parecen bendecir nuestro camino. En este terreno montañoso, la suave y serena rodadura del Pagoda nos retrotrae a 1963, a ese Salón de Ginebra donde apareció por primera vez como siguiente paso de la saga SL, dejando de buscar rivales en la pista como hacía el deportivo 300 SL para seguir la senda del 190 SL, el Gran Turismo que preconizaba el placer al volante. Aun así, algunos propietarios se esfuerzan por suavizar aún más su comportamiento. Por ejemplo, como nos explica uno de ellos “sustituyendo toda la transmisión del eje posterior por la de un sedán 220 D americano, para reducir las revoluciones del motor en la marcha más larga”.

Tras cruzar la localidad de Lozoya en fiestas y negociar los virajes del puerto de Navafría, divisamos Pedraza. El pueblo medieval, antaño inexpugnable, se abre a la llegada de la caravana. Los pórticos de sus murallas reciben y cobijan a cada SL 230, 250 y 280 como esa mano amiga que les franquea el paso hacia la Plaza Mayor.

Originales, restaurados, conservados con cariño por la pátina del tiempo, con ‘hardtop’ o el cielo por techo. Llegados de mil y un rincones en todos los colores. Más de 30 Mercedes-Benz SL Pagoda, juntos en el centro de la villa segoviana, descansando junto a sus dueños, atrayendo las miradas y las preguntas de los curiosos, hoy igual que durante los últimos sesenta años. Hay mucho para mostrar y explicar a los profanos: la fuerza latente de la mecánica, el refinamiento de los acabados, extras opcionales únicos en su época o, simplemente, por que merece la pena pasar toda una vida junto a él. Felicidades, Mercedes-Benz SL Pagoda.

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